jueves, 23 de julio de 2015

Escuela Católica = Escuela Inclusiva

A continuación citaremos un fragmento de un documento titulado "Hacia un modelo de Escuela Católica", realizado por la Vicaría de Educación de la Arquidiócesis de Santiago de Chile. Este documento, a su vez, cita y se fundamenta en diferentes e importantes documentos eclesiales, como por ejemplo el Instrumentum laboris "Educar hoy y mañana, una pasión que se renueva", de la Congregacion para la Educacion Catolica (2014), entre otros.



La enseñanza de la Escuela Católica pone énfasis en la escuela como  comunidad, una comunidad educativa y una comunidad de fe. “La fe  se asimila sobre todo a través del contacto con personas que viven cotidianamente la realidad: la fe cristiana nace y crece en el seno de una comunidad”.
Se trata de una comunidad educativa que vive inserta en una cultura  con la que dialoga críticamente. El criterio que orienta tal diálogo es el reconocimiento de lo que nos une: ser personas llamadas a vivir en relación. La escuela es el primer umbral social, fuera de la familia, donde los estudiantes experimentan la pertenencia común en la diversidad de dones y condiciones.
Como expresión de su identidad evangélica, la Escuela Católica es inclusiva porque la inclusión tiene que ver con los engranajes más íntimos de la identidad creyente. “Ser católico es ser universal, porque el Evangelio es inclusivo, porque el Reino de Dios es, al mismo tiempo, don y promesa para todas y todos.” Por ello, “las diversidades psicológicas, sociales, culturales, religiosas no deben ser escondidas o negadas, más bien deben ser consideradas como oportunidad y don”, lo que implica que la Escuela Católica esté abierta a acoger a todo aquel que quiera ser parte de ella, generar en sus estudiantes la actitud crítica necesaria para comprender las dinámicas de exclusión, que no respetan la dignidad del ser humano, y facilitar la continuidad de los estudios de aquellos jóvenes con menos recursos, tanto económicos como culturales. La Escuela Católica debe ser consciente que la transformación humana se da en el encuentro con el otro, especialmente cuando la diversidad es considerada como oportunidad de aprendizaje, evidenciando la esencialidad de lo diverso como eje de lo formativo.
Las escuelas católicas deben hacer todo lo posible para promover la confianza y la colaboración genuina entre los docentes, con los padres - primeros educadores de sus hijos/as -, y con el equipo directivo, en vistas a fomentar la valoración de los diversos dones presentes; ello permite construir una comunidad de aprendizaje y de fe, y fortalecer la excelencia educativa. La Escuela Católica debe prestar una atención especial a la calidad de las relaciones interpersonales entre todos los estamentos, intencionando una cultura escolar coherente con el proyecto educativo católico, generando un clima de convivencia fundado en la confianza, el respeto y la corresponsabilidad.

Para ver el documento completo, puede acceder desde aquí

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